Fundación Cianci: 11 años dejando huellas de amor en Ciudad Ojeda

La risa de Samuel invade cada uno de los espacios del salón. Bajo la mirada atenta de Karina, su terapeuta, se sostiene con ambas manos para dar el anhelado paso de su terapia. 

Cada miércoles acude junto a su madre, Zulay Rojas, al Centro de Rehabilitación Infantil  Fundación Ezequiel Cianci a cumplir su tratamiento fisiterapéutico que le permita adquirir las destrezas motoras, limitadas desde su nacimiento por una condición congénita hereditaria.

Al igual que Samuel, otros 260 niños, entre cero y 12 años, acuden diariamente a la fundación que atiende desde Bachaquero,  en el municipio Valmore Rodríguez de la Costa Oriental del Lago, a la población infantil con discapacidades neurológicas, motoras y con limitaciones de aprendizaje y cognitivas, una labor que este 13 de mayo llega a 11 años “dejando huellas de amor”, como reza el lema a la entrada del lugar.

La iniciativa nació por una historia de vida. La familia Cianci lo hizo para honrar la memoria de su hijo Ezequiel, quien falleció en un accidente. Se había propuesto a ayudar a un sobrino con discapacidad, y legó a sus allegados el amor por las personitas que no podían costear las terapias requeridas para su desarrollo físico, emocional y mental.

“Atendemos niños de los municipios  Lagunillas, Simón Bolívar, Valmore Rodríguez, Baralt y de estados vecinos como Trujillo y Lara. Han pasado miles de niños que, ante todo, reciben una oportunidad de vida”, afirma Gladys Rodríguez de Cianci, vicepresidenta de la fundación. De Cabimas a Caja Seca, en el municipio Sucre, la Fundación Cianci es la única que ofrece terapias de manera gratuita, y eso lo sabe Yelisbeth López, madre de Edimar Fendelende, de 10 años, quien
recorre más de 150  kilómetros, desde el Consejo de Ciruma, en el municipio Miranda, para recibir su jornada terapéutica. Ambas  aguardan frente al televisor que comparten padres e hijos, su terapia de música. “Nació con falta de oxigeno en el cerebro. No hablaba y mucho menos caminaba. Desde los dos años comenzó a venir a la fundación y ahora canta y da pasos cortos. La fundación ha sido una bendición en nuestras vida”.

Cada semana vienen niños y niñas desde todos los rincones de la Costa Oriental  a pasar media mañana entre terapias, juegos y música. “Es una atención integral. De acuerdo al grado de compromiso de cada niño y sus requerimiento. Lo que buscamos es que el niño desarrolle sus aptitudes, lograr que ejecute por sí mismo actividades cotidianas, formarlos para la vida”, resume Rossiel Trómpiz, psicóloga de la fundación.

Psicología, fisioterapia, fonología, terapia del lenguaje y  música son ofrecidos por el personal de la institución, que además cuenta con piscina y salas de danza y karate, suspendidas temporalmente por la falta de instructores. La ausencia de aportes financieros a todos los niveles, gubernamentales y privados, atenta contra la formación de los niños: “Tenemos recursos propios que están agotándose , pero seguimos trabajando a pesar de todo y de todos. Es una iluisión muy linda que no dejaremos decaer”, afirma Gladys de Cianci, “Nosotros, como fundación, nos encargamos del mantenimiento de la sede y su equipamiento total”, añade Cianci. Para los representantes, como Rosa Marrufo, madre de Nelson, de 11 años, la fundación es la única garantía de mejorar su TDA: “Muchos no tienen como costear una terapia privada de 400 o 500 bolívares, aquí reciben hasta cinco de manera gratuita. esperamos que  nuestros hijos sigan avanzando, es lo que todos, padres y terapeutas, queremos. Ojala que recibamos el apoyo, por nuestros hijos.”

En la sala de música, Jesús David, de 11 años, espera su turno, aguarda por tomar las baquetas y practicar en su instrumento favorito: la batería, guiado por los consejos de Rafael Escola, terapeuta musical. “Hace seis años Jesús apenas miraba a los ojos o respondía a cualquier pregunta por sencilla que fuese, debido a su condición de trastorno generalizado del desarrollo, una forma de autismo leve, ahora sigue órdenes, espera su turno e incluso participa activamente en el coro de la fundación, uno de los muchos ejemplos de la atención a tiempo y dedicada que reciben los niños”, expresa Escola.
Samuel también terminó su la clase con su maestra, en la salita de psicopedagogía. Lleva en su mano un dibujo de puño y letra y lo muestra sonriente a su mamá. “Ya terminamos!”  grita apenas se abre la puerta. Dentro de una semana toca viajar de nuevo desde Ojeda a Bachaquero, a seguir mejorando y brindando sonrisas a todos a su paso.
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